Mi sueño desvanecía entre los coches y el asfalto. Se entremezclaba con el humo negro de los coches. Se desvanecía tan rápido que desapareció sin que me diera cuenta apenas. O acaso lo ignoré. Llevaba el día entero fumando, y empezaba a divisarlo todo desde otro punto de vista, mis pupilas se concentraban en algún punto exacto que se convertía enseguida en una mancha borrosa, y permanecía lejana, lejana a mí. Cada vez más. No podía centrarme en nada, todo daba vueltas, y de arriba abajo. Una y otra vez. Entré de golpe a casa y me senté en mi cómodo sofá. Saqué mi chivato. Mezclé ambas sustancias y las coloqué con cuidado de no derramar nada, sobre un papel. Le di un pellizco perfecto y terminé de perfeccionarlo. ¿Dónde habré metido el mechero?- me pregunté a mi mismo. ¡Aquí está!. resalté con alegría. Fuego. Y comencé mi nuevo viaje por tierras ya conocidas, pero aún así nuevas.
Fue alucinante, creo que durante tan sólo un instante se paró en mundo, cómo preguntándome él..¿quiere usted bajarse aquí?-
Y yo responder sinceramente..-no, gracias. Prefiero seguir viajando.-
Lo terminé y tiré el resto en un cenicero. Me acomodé bien y sobre mis hombros reposé mi cabeza, para así dormir. Profundos sueños. Pero volví a despertar casi al instante.
-Será el mono.- dije como escusa o para tranquilizarme.
Ya no me quedaba papel, pero con semejante ciego ni lo noté. Saqué otra vez mi chivato, que aún estaba medio lleno, o medio vacío, y una puntita de tabaco. Lo mezclé y lo enrollé en papel, o lo que yo creía que era papel. Pellizco. Y saqué de nuevo mi mechero.
El placebo jugó completamente con mi sentido común. Vean lo ridículo que es fumarse un porro que ni siquiera estaba ahí. Sino que seguía muerto de risa delante mía en mi pequeña mesa de cristal. Pero yo, puedo jurar que me colocó tanto que aluciné. Y nunca podré plasmar en papel la belleza semejante de aquella visión. ¡cuán bella fue!
He despertado esta mañana, algo aturdido. Noté que mi chivato estaba aún reposando en la mesa, y lo cogí. Sin persármelo dos veces lo he tirado junto con todo lo demás. Tabaco, cartón y mi imaginario papel. No querría sustituir jamás la hermosura de aquel último recuerdo.
Salí de casa para que me diera algo de aire fresco. Era un día soleado y hacía bastante calor. Estoy seguro que de haberme quedado bajo el sol sin moverme habría acabado derritiéndome.
Entonces me encontré con Sam. Me dijo que le apetecía viajar un rato. -Tú sabes a lo que me refiero.- dijo con una sonrisa entre dientes. Y claro que lo sé. Preguntó si querría acompañarlo. Y por supuesto, por educacuión, acepté su propuesta. Uno más o uno menos, qué más da.
No hay comentarios:
Publicar un comentario