domingo, 1 de mayo de 2011

XXIX

El cuarto entero daba vueltas. Y vueltas. Y la música sonaba más alto de lo normal, estoy segura de que mis tímpanos casi explotan al compás de la melodia. Y me miras fijamente, hasta que casi me absorbes, y yo no puedo parar de mirarte, hasta que casi cometo un error.
Son las 4 de la mañana, y ahí fuera no hay ni un alma. Escucho el sonido de cada gota de agua caer, que ahora acompaña el ritmo incesante de mis lágrimas. Y vuelves a mirarme, y te miro mientras dejamos caer la noche a nuestras espaldas.
Miro las hojas del calendario y ha pasado ya una eternidad, ni siquiera estoy muy segura del último día que pude capturar tu mirada, y tu jodida mirada. Dejando los días pasar, pero aquí no se muere nadie, y casi lo preferiría.
Vuelve a dar vueltas el cuarto, y otra vez me autodosifico.

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