viernes, 24 de junio de 2011

último capítulo

"En cualquier lugar que estuvieran, recordarán siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera."

Estuviese donde estaba recordaba que aquel momento sólo duraría un instante, y después pasaría a desaparecer con la caida del sol, y así la oscuridad lo deboraba, hasta que se me olvidaba porque había sido feliz.
En cualquiera de los casos, por lo menos, aunque ya habían pasado años, y parecía haber sido ayer, cuando sentía haber vivido de veras, y no tenía necesidad ninguna de lamentarme, durante lo que se me ha antojado a una eternidad,recordaba aquellos hermosos momentos en los que me engañaba a mí misma con una sonrisa.
Cuando llegaron los problemas, mi solución más fácil fue esconderme bajo la mesa, y empequeñecida lloraba sin cesar. Temía salir de aquel sitio, como si el mundo fuera a comerme viva, y a deborarme y masticarme cruelmente hasta hacerme añicos.
Fue tal el golpe que me di, que desperté por completo de un sueño en el que aparentemente había estado viviendo, y me di cuenta que ya ni siquiera tenía fuerzas para respirar.
Había una máquina conectada a mí que jugaba a ser dios permitiéndome respirar, casi con normalidad. Aunque cada vez me costaba más tirar de aquella máquina, y dejarme a mí misma respirar. Puede que no tuviera fuerzas para ello, o puede quizá que dejar de respirar fuese más fácil.
Así expulsada al vacío, me balanceé en una cuerda floja, que si llego a caer de ella habria entrado en las profundidades mas abismales del infierno. Y entonces me habrian comido las bestias y malos espíritus que ahí abajo aguardan, desesperadas, por deborarme el alma, y dejarme mas vacía de lo que estaba. De tal forma que ya ni siquiera podría volver a encontrar el camino de la memoria, habría tenido que dejar atrás todos mis recuerdos, y mantenerme, no se si entre los vivos o los muertos, vagando por calles oscuras, que ni siquiera a las 12 de la noche encienden sus farolas.
Ahí sola y desconcertada, noté que a lo lejos intentaban revivir-me.
Y entonces se paró el mundo, yo creo que va siendo hora de bajarme de aquí, dije y me quedé. Entre las almas que balbucean desesperadas, y gritan por que las socorran, gritan durante toda la eternidad que nunca llegará a su fin, como si lo necesitasen para sobrevivir, como el mero acto de respirar.

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