"En cualquier lugar que estuvieran, recordarán siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera."
Estuviese donde estaba recordaba que aquel momento sólo duraría un instante, y después pasaría a desaparecer con la caida del sol, y así la oscuridad lo deboraba, hasta que se me olvidaba porque había sido feliz.
En cualquiera de los casos, por lo menos, aunque ya habían pasado años, y parecía haber sido ayer, cuando sentía haber vivido de veras, y no tenía necesidad ninguna de lamentarme, durante lo que se me ha antojado a una eternidad,recordaba aquellos hermosos momentos en los que me engañaba a mí misma con una sonrisa.
Cuando llegaron los problemas, mi solución más fácil fue esconderme bajo la mesa, y empequeñecida lloraba sin cesar. Temía salir de aquel sitio, como si el mundo fuera a comerme viva, y a deborarme y masticarme cruelmente hasta hacerme añicos.
Fue tal el golpe que me di, que desperté por completo de un sueño en el que aparentemente había estado viviendo, y me di cuenta que ya ni siquiera tenía fuerzas para respirar.
Había una máquina conectada a mí que jugaba a ser dios permitiéndome respirar, casi con normalidad. Aunque cada vez me costaba más tirar de aquella máquina, y dejarme a mí misma respirar. Puede que no tuviera fuerzas para ello, o puede quizá que dejar de respirar fuese más fácil.
Así expulsada al vacío, me balanceé en una cuerda floja, que si llego a caer de ella habria entrado en las profundidades mas abismales del infierno. Y entonces me habrian comido las bestias y malos espíritus que ahí abajo aguardan, desesperadas, por deborarme el alma, y dejarme mas vacía de lo que estaba. De tal forma que ya ni siquiera podría volver a encontrar el camino de la memoria, habría tenido que dejar atrás todos mis recuerdos, y mantenerme, no se si entre los vivos o los muertos, vagando por calles oscuras, que ni siquiera a las 12 de la noche encienden sus farolas.
Ahí sola y desconcertada, noté que a lo lejos intentaban revivir-me.
Y entonces se paró el mundo, yo creo que va siendo hora de bajarme de aquí, dije y me quedé. Entre las almas que balbucean desesperadas, y gritan por que las socorran, gritan durante toda la eternidad que nunca llegará a su fin, como si lo necesitasen para sobrevivir, como el mero acto de respirar.
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